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El oso y el madroño de Madrid

450px-001626_-_Madrid_(4237368207)Uno de los símbolos que más gusta a los madrileños es el oso y el madroño, pero realmente son muchas las diferentes teorías sobre el origen de este escudo tan peculiar. Aunque es evidente que la idea principal a la hora de crearlo era demostrar por una parte la seriedad de una ciudad en auge, como lo hacían por el mismo momento otras ciudades de toda Europa, y por otro crear una diferenciación clara con otras ciudades o instituciones del lugar.

Por eso, las multipliques explicaciones sobre el oso y el madroño son diversas y extrañas. Una de ellas, y por su facilidad y simpleza seguramente será la más real, explica que fue el consejo municipal el que lo ideó para diferenciarse de las posesiones de la iglesia, y ya que en la zona había muchos madroños y el oso demostraba fortaleza y determinación (como por ejemplo en el escudo de Berlín) pues optaron por él. Otras teorías hablan de relaciones por los propietarios cercanos de fincas de este tipo de árbol, así como otras más relacionadas con la reconquista y los musulmanes, esta en particular, habla de cómo se pensó en Madrid como el inicio de muchas conquistar en el sur, pero parece poco cierta, ya que en su momento Madrid no tenía casi importancia como para ser ese símbolo.

Sea como fuere, la verdad es que en la actualidad el oso y el madroño es uno de los símbolos que más gustan a los madrileños, de hecho es habitual que muchos lleven a sus visitantes a ver la gran escultura que existe en la Puerta del Sol, y que hace las delicias ante todo de los más pequeños del lugar, también podemos encontrar el oso y el madroño en muchos símbolos y lugares de la propia ciudad, parece ser que los propios habitantes de la ciudad le tienen un cariño especial.

Más concretamente, el oso y el madroño está formado por un oso rampante sobre un madroño arbutus unedo), rodeado de una orla con siete estrellas de cinco puntas y todo ello con una corona, todo un escudo para una gran ciudad como Madrid.

De compras por Madrid

1280px-Paseo_de_la_Castellana_(Madrid)_01Como buena capital europea, Madrid es uno de los centros privilegiados para realizar todo tipo de compras.  La amplia red de todo tipo de tiendas, de cualquier temática y condición, hacen de Madrid una de las ciudades más adecuadas para ir de compras, y sin duda, tantos sus habitantes como los visitantes de la ciudad son conscientes de ello.

Si quieres ir de compras por Madrid vais a disfrutar de excelentes librerías y boutiques, de aquellas en las que te puedes pasar horas buscando y disfrutando de los encuentros con aquellas cosas que siempre habías deseado. De la misma manera, si lo que buscas es moda, Madrid tiene algo muy peculiar, y es que cada barrio tiene su forma diferente de entender la moda, y por tanto, vas a encontrar aquel estilo de moda y de vestir que más se adecue a tus gustos personales, y todo en la misma ciudad.

Ir de compras por Madrid es fácil, ya que existen numerosos centros comerciales y núcleos de comercios y tiendas que harán tus delicias, por ejemplo, si buscas glamur deberás ir a la calle de Serrano o a la calle de José Ortega y Gaset. Si por el contrario estás buscando artículos modernos, peculiares o incluso alternativos debes ir a la calle de Fuencanal. Si lo tuyo son los mil y un zapatos y el diseño a precio más que aceptable, debes ir de comprar a calle de Augusto Figueroa. Pero si eres de aquellas personas que busca lo más exclusivo posible que exista, debes dar una buena vuelta con calma y tiempo por la calle del Piamonte.

Además, Madrid también tienen diferentes mercadillos, así como centros comerciales y galerías de productos de todo tipo, donde vas a poder encontrar las marcas internacionales más habituales, además de las más exclusivas, su casco antiguo tiene todo tipo de comercios, por los que podrás pasear y conseguir aquellos recuerdos que harán de tu paso de compras por Madrid un recuerdo completamente inolvidable.

Quizá lo que más destaca, es pasear por Sol, Huertas o La Latina, donde la falta de uniformidad de los comercios dan una sensación de fusión de estilos y tiendas poco habitual.

La Madrid de los moriscos

La plaza de los Carros, la plaza de la Paja y la Cruz Verde constituyen el triangulo que articulaba de forma primordial el núcleo comercial de la Madrid medieval, y que por tanto explican la historia de Madrid como centro de comunicaciones importante y centro económico también vital para toda la región.

Para empezar, podemos observar en la Plaza de los Carros como una puerta morisca nos da acceso a un lugar con bastantes taxis, esta era la zona donde hace siglos los carros que llegaban del exterior hacían pausa para entrar a la ciudad, parece que no pasa el tiempo viendo que hoy son los taxis los que esperan a los ciudadanos para continuar yendo de un lado a otro, de hecho, el origen de esta parada de taxis es aún más reciente, en los siglos XIX i XX aquí habían carros para ser alquilados y transportar todo tipo de mercancías, una forma primitiva de taxis, se podría decir. Es evidente que de aquí surge el nombre actual de la plaza.

800px-Plaza_de_la_PajaNo demasiado lejos de aquí encontramos la plaza de la Paja, como su nombre indica, esta plaza irregular y que no se sabe muy bien si llamarla plaza, era el lugar donde se compraba y vendía paja en la edad medieval. La paja era un elemento principal para alimentar a los animales que a su vez eran el elemento principal de tracción. Era uno de los principales centros de la Madrid morisca. Ahora también se puede observar la escalinata del siglo XVI que da a la capilla del Obispo.

La Plaza de la Cruz verde también está muy cerca de la Plaza de la Paja, y aquí básicamente se encontraban todo lo referente a los abrevaderos de las caballerías. De hecho hoy se conserva en bastante buen estado una fuente, aunque esta data del año 1850. Tiene una historia algo tremebunda en ella, parece ser que antes de estar situada esta fuente, había una gran cruz verde que hacía las veces de elemento utilitario para la inquisición local, haciendo en ella últimos actos de fe y otros elementos similares.

San Nicolás, el conducto y las Vistillas

san nicolásSan Nicolás, el viaducto y las Vistillas son una zona de Madrid que se puede visitar sin mayores problemas, y que por sus características puede ser un lugar ideal para aquellos turistas con ganas de conocer partes de Madrid que quizá no sean tan típicas, pero que esconden rincones y elementos que si que dan una idea aproximada del carácter de la ciudad, y que de hecho, son básicos si queremos conocer realmente la ciudad por dentro.

La Iglesia de San Nicolás es la más antigua de Madrid, se construyó en el siglo XII, y tiene uno de los escasos ejemplos de arte mudéjar que quedan en pie en toda la capital. Si esto no fuera poco, también es interesante todo lo relativo a su interior en términos artísticos. Por ejemplo los arcos moriscos, el ladrillo rojo y el toree alminar. Si hacemos una visión de conjunto nos daremos cuenta de todos estos elementos.

Más adelante a poca distancia nos encontraremos con el viaducto. Tiene una historia algo desdichada. Fue uno de los proyectos principales de los arquitectos palaciegos, que lo veían como una oportunidad de unir el Palacio con la iglesia de San Francisco el Grande. Pero el proyecto fue esperando y pasando el tiempo en oscuros cajones. Curiosamente, su construcción metálica sobre piedra, se finalizó en los tiempos de la Primera República, aunque duró tan poco como ella, se tuvo que esperar a que llegara la Segunda República para que unas obras rehicieran todo el viaducto. No fue hasta el 1944  que se volvería a restaurar nuevamente la parte metálica, que era una de las que necesitaba de más atención.

La visita a la zona se acaba con la travesía de las Vistillas. Se trata de una zona en disputa por largo tiempo, donde finalmente el Duque de Osuna construyó una gran villa que competía con el propio Palacio Real. Después de diversos cambios, el Ayuntamiento se hizo con su propiedad, lo que hace ahora mismo de las Vistillas un lugar ideal para pasear, caminar y descansar un buen rato de las aglomeraciones que se hayan podido vivir en la zona del Palacio Real.

colegio imperial

San Isidro y el Colegio Imperial

colegio imperialSan Isidro y el Colegio Imperial tienen una historia compartida muy importante, no se puede explicar uno sin el otro. Ubicados en la zona Latina de la capital, San Isidro y el Colegio Imperial son sin duda en parte un proyecto personal de María de Austria, quien a su muerte dejó una importante suma de dinero a la orden de los jesuitas que gestionaban un pequeño y sin pretensiones colegio en el lugar donde ahora se encuentra el Imperial. Básicamente, María de Austria puso dos condiciones para la gran donación, la primera fue que el colegio pasará a llamarse Imperial, y la segunda la construcción de una iglesia dedicada a San Isidro. Aunque lo curioso es que justo delante existía otro colegio con renombre por aquel entonces, que poco a poco perdió todo su reconocimiento a favor del nuevo Colegio Imperial.

La iglesia por tanto se empezó a construir en 1622. Dejando de lado la singular historia de su construcción que hemos explicado en el párrafo anterior, lo llamativo de forma general en el aspecto más decorativo y arquitectónico de la iglesia son sus capillas laterales, que curiosamente tienen conexión entre ellas, algo que es bastante inusual en la capital. Fue pasando de manos con la expulsión de los jesuitas, lo que hizo que sufriera algunos cambios en su interior, hasta el punto de dedicarla al patrón de la ciudad, San Isidro, quien está enterrado en su interior junto con su esposa. Durante la construcción de la Almudena fue considerada la catedral de la ciudad, por eso se puede encontrar aún algunas referencias en este sentido.

Referente al Colegio Imperial, ese pequeño centro de estudios se convirtió en un laureado colegio, donde estudiaron ilustres como Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Calderon de la Barca y de forma más actual Pío Barroja, Jacinto Benavente y Vicente Aleixandre. Lo más destacables en términos arquitectónicos es su interior, más concretamente el claustro, que data de 1679, obra de Melchor Bueras y que es considerado uno de los más bonitos de toda la ciudad. Quizá una rápida visita si están dando clases, puede ser una buena idea para formarse un criterio propio referente a ese extraño titulo de hermosura.